La gran lección del coronavirus: éramos felices pero no lo sabíamos

Coronavirus en España

La gran lección del coronavirus: éramos felices pero no lo sabíamos

Lunes 23 de marzo de 2020. Noveno día de confinamiento durante el Estado de Alarma en España debido a la crisis sanitaria del coronavirus. Me subo por las paredes. Se me cae la casa encima. Ayer nuestros insignes políticos acaban de anunciar que tendremos que pasar 15 días más de “arresto domiciliario”.

Por suerte veo la luz al final del túnel. Sueño despierto con lo que haré cuando recobre esa palabra tan grande: LIBERTAD. Cuando termine esta pesadilla lo primero que haré será estrujar a mi padre, mi madre, mi hermana y mi perro con tanta fuerza que me dolerán las costillas al hacerlo. Además, cuando pase todo esto, quiero llenar de besos y abrazos a todos mis amigos en una gran CELEBRACIÓN DE LA VIDA.

Cuando todo esto acabe, me sentaré en una terraza a disfrutar de la sencillez de un café y un pincho de tortilla. ¡Sí, habéis leído bien, pido muy poco, un simple pincho de tortilla al sol!. También, al terminar el confinamiento, me perderé en un bosque con mi compañero Coquer y correré detrás de él, como un poseso en busca del aire, como un loco que no sabe lo que es el oxígeno.

Tras esta experiencia, en Diario Senderista organizaremos la mejor de nuestras rutas, por ejemplo un fin de semana completo en Picos de Europa para saborear el regalo de la naturaleza, beber el agua pura de los riachuelos y llenarnos de lodo, de hierba y de flores las suelas de nuestras botas de montaña. Disfrutaremos cómo nunca del olor del pasto; veremos con otros ojos los mil y un tonos del atardecer en la montaña.

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Al salir de esta cárcel, me escaparé con mi perro a la playa más cercana a recordar el sabor de la sal del mar cuando se cuela en la boca, a escuchar el sonido de las olas, a disfrutar del chillido de las gaviotas, a paladear la brisa marina, a ver revolcarse a mi peludo sobre la arena mojada…

Creo que el coronavirus nos ha dado una gran lección a todos: éramos felices, pero no lo sabíamos.

Cierro estas líneas a lo William Wallace, con un desesperado grito sin fin:

¡¡LIBERTAAAAAAAD!!

PD: Toda nuestra solidaridad para los familiares de los fallecidos y los contagiados por este cobarde virus.

A los que aguantan y luchan en su domicilio enclaustrados, os remitimos toneladas de cariño, ánimo y paciencia.

Para los miles de irresponsables insolidarios que se desperdigan con el coche por toda España durante esta situación crítica, ojalá les parta un maldito rayo, el rayo de su p**o egoísmo.

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