¿Cómo te imaginas tu nuevo mundo, tu día a día, tras el Covid-19?

Coronavirus en España

¿Cómo te imaginas tu nuevo mundo, tu día a día, tras el Covid-19?

Varios montañer@s y senderistas aparcan hoy sus palos de trekking para consultar la bola del futuro. Vamos a ejercer un rato de Rappel para describir cómo visualizamos nuestras vidas tras el paso del Covid-19.

21 DÍAS PARA UN HÁBITO (CONCHA)

“Mi día a día después de este confinamiento involuntario me lo imagino siendo respetuosa con el medio ambiente, si cabe más de lo que ya lo era.

La naturaleza nos ha demostrado en estos días su valor. Está exuberante, preciosa. Intentaré coger menos el coche, por ejemplo.

Mi día laboral me va a traer mucha incertidumbre: aulas para quince personas, cómo organizar horarios, cómo vigilar contactos entre el alumnado…

Si algo bueno habrá será el respeto hacia las cosas y a las personas. Por ello quiero imaginarme un espacio más limpio y cuidadoso por parte de tod@s.

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El mundo el día después del Coronavirus. Fotografía: Concha Redondo

También me cambiará mi forma de viajar. Si antes me quejaba de las aglomeraciones de la excesiva globalización, ahora quiero pensar que todo esto hará que racionalicemos nuestras salidas. Me replantearé mis vacaciones y daré más importancia a mi bienestar que a conocer más lugares.

Mi día a día ya está comenzando y por ejemplo en estos días he iniciado retos que quiero seguir llevando cuando sigamos con ” la normalidad ” como mi gimnasia por las mañanas y más tiempo para leer, pintar.

Si dicen que con veintiún días se lograr coger un hábito, yo lo estoy consiguiendo y por ello me siento orgullosa de mi misma. Como dice el refrán: ” No hay mal que por bien no venga”.

SUPERVIVIENTES (PARKER)

“Mi día después del momento H será:

1. Más lento, más pausado, más sentido, y más valorado. Creo que iba muy deprisa, en el trabajo, en las cosas de casa, en el coche. Intentaré  mantener esa calma inducida por este ritmo.

2. Creo que veré a mis vecinos, de bloque de enfrente, con una simpatía especial por las tardes, aplaudiendo o viéndonos hacer ejercicio y  a los abuelos de mi bloque como un poco Supervivientes y pequeño milagro.

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Mi día a día será más pausado, más sentido. Fotografía: Eduardo Cid

3. Yo trabajo en el campo y cada día he salido a la naturaleza, para mí ha sido medio confinamiento. Quizás seré también más tolerante con mis hijos… nunca había pasado tanto tiempo con ellos y lo han hecho genial los jóvenes…

Siempre que ha llovido ha escampado . Suerte”.

264.000 PERSONAS MENOS (SUSANA)

“Un mundo en el que habitarán 264.000 personas menos y dejarán numerosas ausencias, especialmente entre familiares y amigos.

Por primera vez saludaremos a los vecinos, a esos mismos de los que nos ocultábamos al tender la ropa o al regar las plantas. Ahora convertidos en personajes más familiares por habernos acompañado durante multitud de tardes aplaudiendo en el balcón, preguntándonos cómo nos encontrábamos ‘encerrados´ en casa.

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Un mundo con cientos de miles de personas menos. Fotografía: Eduardo Cid

Miraremos con mejor cara, sonreiremos al dependiente del supermercado que estuvo al pie del cañón haciéndonos la vida más fácil, dándonos esas pequeñas alegrías en forma de tabletas de chocolate.

Pero lo que estoy convencida que habrá conseguido el coronavirus es que los abrazos y los besos se den con mayor sinceridad y fuerza, por si otra pandemia nos los arrebata otros 60 u 80 días.

No podremos dejar para mañana, ni perder ni un minuto, en decirnos lo mucho que nos queremos”.

UN MUNDO IGUALITARIO (BENDITA UTOPÍA)

“Una cosa es cómo me lo imagino y otra cómo va a ser. Lo que imagino es lo que yo querría, bastante diferente de lo que va a ser si no tomamos consciencia.

La consciencia la tenemos todas las personas, pero no todas lo saben y otras no la quieren porque no eso de perder privilegios por el bien común no les mola.

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Me imagino un mundo igualitario. Fotografía: Eduardo Cid

Me imagino un mundo igualitario, en el que no exista el dinero. Donde se anteponga el bienestar colectivo al individual. Los medios de producción serán colectivos, no habrá jefes, ni jerarquías de ningún tipo.

Desaparecerá la caridad y sólo habrá solidaridad. Estaremos más en contacto con la tierra y las grandes ciudades se irán vaciando en favor de las zonas rurales.

Ya no habrá líderes. Ninguna condición hará que ninguna persona sea más que otra.

Imagino una utopía. Lo que ahora es realidad, nació de la imaginación de una persona a la que creían insultar llamándola “utópica”.

EL VIRUS DE LA ESTUPIDEZ (COQUER)

“Voy a cenar algo ligero antes de mi ruta diaria en bici. Es mi desescalada particular. Prendo la tele y ahí está. No me la he soñado. Real como la vida misma.

La noticia me remueve las entrañas y me taladra el cerebro: “Fiestas Covid-19 en Nueva York para contagiarse“. La idiotez humana no conoce límites.

Mis neuronas más pesimistas se disparan y me gritan al oído: “Os váis a extinguir. Merecéis extinguiros”.

No os voy a mentir. Una parte de mí me dice que estamos condenados sin remedio. El peor virus jamás investigado por los científicos será el que acabe con todos nosotros. Un virus letal, implacable.

Un virus contra el que, desafortunadamente, no hay ni habrá vacuna. Un virus que ya es pandemia entre los Trump, Bolsonaro y demás panda de descerebrados y kamikazes: LA ESTUPIDEZ.

¿Qué ocurrirá cuando pase todo esto? La respuesta es… NADA. Absolutamente nada. Volveremos a nuestra vorágine de vida, contaminaremos otra vez todo a nuestro paso. La Naturaleza volverá a ser la gran enemiga del desarrollo insostenible.

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El virus de la estupidez humana acabará por extinguirnos. Fotografía: Eduardo Cid

El mar se volverá a llenar de plásticos; las montañas de latas y residuos; las ciudades de coches; los países de políticos incapaces, egoístas y ambiciosos. El “buenismo” nos durará menos de 3 meses según mis predicciones más halagüeñas.

Pero no quiero fundir en negro la pantalla de nuestro futuro. Prefiero dibujar un pequeño arco iris. Muy pequeño y bastante tenue, eso sí.

Tenemos nuevas “herramientas” en nuestras manos. 49 días confinados han abierto algunas compuertas nuevas en nuestro cerebro. Hemos descubierto en primerísima persona el verdadero valor de la Libertad (sí, con mayúsculas).

También hemos paladeado esa delicatessen de las sociedades inteligentes llamada Solidaridad. Y como guinda, tal vez hayamos aprendido el Respeto por la Vida, sobre todo la de nuestros mayores.

No lo sé. Sólo supongo. Tal vez…”

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